24.9.13

Yo te culpo, en el desquicio de cuidarte,
Por la risa que tu risa me suscita.

Yo te culpo por el alma que incendiaste
Con la brisa de caricias que no irritan.


Yo te culpo por el llanto de mi cuello.
Por tus alas de bengala en su destello.
Y porque caí en la cuenta de que el desvelo
Se produce con la ausencia de tu vuelo.

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